domingo, 31 de mayo de 2009

PROYECTO DE AULA 2008/2

MUJERES DE NADIE”

Entre casado y cansado sólo hay una letra de diferencia.

Una de las frases de los juegos de palabras de Luzmila

Mujeres de nadie, reinas o esclavas de su palacio y su fortuna, perturbadas por todo lo que acontece a su alrededor, construyendo con sus manos la memoria que su vientre no les ha otorgado. Dichosas por encontrar en qué invertir el tiempo, con qué mostrarse ante la sociedad felices, satisfechas. Les llaman, despectivamente, solteronas, por no tener a su lado un amante, por no llevar en su anular, un anillo grabado.

Empezar otro día, solas, felices porque su mamá despertó para acompañarlas (o manipularlas), reacomodan diariamente aquel santo innombrable que tal vez hoy cumpla sus incesantes peticiones, planean cómo ocupar su día, quién tendrá tiempo para hacerles compañía, sean personas, o los hilos y agujas de sus hermosas creaciones artesanales.

Luzmila se dirige a otra de sus clases de inglés y francés, pero, antes debe pagar los servicios públicos, o hacer cualquier otra diligencia, reorganizar sus cosas o emprender alguno de sus inaplazables proyectos, puede también conectarse por Internet para buscar juegos matemáticos o de palabras, recetas culinarias o una bella reflexión que la haga reenamorarse de la raza humana y transmitir aquel sentimiento a todos sus amigos.

Un día cualquiera puede ocurrírsele darse lujos, planear viajes (cuyos tiquetes son la única compra que hace por la Internet), hacerse masajes, consentir su cabello, ir de compras, o cursar una nueva especialización. Muestra con nostalgia sus innumerables álbumes, casi enciclopédicos, evidencias fieles de que su vida ha adquirido sentido con o sin pareja. “Compañeros de estudio, cumpleaños de mamá y otras celebraciones, Viajes, -Marruecos y Francia, Isla Margarita, Argentina y Aruba-, nuestras grandes amistades, momentos inolvidables, ceremonias religiosas y matrimonios, mis triunfos académicos” son algunos de los nombres que adquieren las memorias de sus días especiales que quedarán, al menos, en papel. Son sus historias, es el compendio de toda su vida, y su casa, construida más que con ladrillos, es una obra maestra que imagina, diseña y reconfigura, ya que dice tener una gran capacidad para ordenar los espacios.

Al igual que Luzmila, Deyanira es otra mujer solterona, que después de haberse pasado la vida “formando seres integrales que serán el futuro de la sociedad”, como maestra, consiguió el privilegio que el gobierno ha otorgado a aquellos que más que nunca entienden el precio de la “grandiosa” expresión de una sociedad que desecha o aparta las piezas que no son elásticas, fuertes o nuevas, de este monopolio de belleza: el exilio indemnizado o jubilación, como una alusión al júbilo: gran alegría que se manifiesta con signos exteriores.

La soltería debe ser entendida como una elección, una oportunidad, una decisión; muchas de esas mujeres optaron por quedarse solas para no estar al lado de “un mal hombre, alcohólico, o peor, un hombre que deban mantener”, que se aproveche de las fortunas que han logrado, que no sólo son riquezas materiales; ellas han buscado adiestrarse en otras actividades como tejer, chatear, leer, hacer miles de hermosas y costosas manualidades.

Marta nació en un hogar de catorce hermanos, todos los que la anteceden están “felizmente casados”. Llevó una infancia normal, pero al desarrollarse sus senos, llegaron los admiradores, amigos, pícaros romances y los complejos por las burlas tan típicas entre los adolescentes, además de aquellos piropos vulgares, que siempre provocan reacciones desfavorables, quizá de por vida. Ella nunca tuvo una relación lo suficientemente estable para llegar hasta una propuesta matrimonial, o tal vez, los hombres que la rodearon no se adaptaron o cumplían sus exigencias y requerimientos. Hoy es una mujer soltera en la edad madura, trabaja casi toda la semana en un consultorio odontológico como auxiliar, se levanta temprano, algunos días para ir al gimnasio, otros para afeitar al “mejor hombre del mundo”- su hermano menor, quien nació con una alteración genética, síndrome de Down- y el común de sus días para acicalarse, labor imprescindible para poder dejarse ver de la gente. Vive con sus padres, quienes se encuentran en una edad avanzada, con una hermana, que al igual que ella, es soltera y, como ya se dijo, con su hermano menor.

A diferencia de Luzmila, la condición económica de Marta es la de una persona de clase media que trabaja, aporta a su casa, pero es igualmente plena, eso lo demuestra en todo cuanto hace; el único motivo que la entristece es en parte, los problemas de sus sobrinos, y, a veces, vagamente llega el recuerdo de los príncipes azules, los corceles, el calor de un alma amiga entre sábanas. Quizá por ello, su cuerpo es un santuario, de él se ocupa diariamente, para ella cada detalle es relevante, nunca saldría a ningún lugar fuera de casa, aunque fuese por un solo día sin llevar aproximadamente cuatro cremas faciales, limpiadoras, tonificantes, hidratantes, para ella la piel de su rostro debe permanecer siempre joven. Pero no sólo su cuerpo debe permanecer con esa apariencia, su atuendo marca bien la silueta que el gimnasio le ha mantenido.

La soltería no es una opción fácil mucho menos cuando las relaciones de pareja se han convertido en una necesidad, que se puede transferir de cualquier modo; muchas mujeres reprimen su deseo sexual y terminan por reemplazarlo con consumismo, o con repulsión hacia las relaciones interpersonales, hasta el extremo de la amargura.

Hasta el día de hoy, Beatriz estudia incansablemente para obtener más sueldo, aún así sigue recateando toda rebaja que pueda conseguir, para ahorrar más y poder comprar gimnasios portátiles para hacer ejercicio en casa y no tenerse que seguir asfixiándose con fajas que oculten el tejido adiposo que rodea y se apodera de su vientre,; sus piernas son cortas pero igualmente abultadas, su cabello lacio y corto enmarcando su rostro añejado por la amargura, absolutamente campesino y una piel blanca que procura mantener tomando leche caliente con granola, como un ritual, por supuesto inútil, si se tiene como propósito adelgazar.

También ha dedicado su tiempo en educar a niños y jóvenes, procurando arduamente no generar relaciones interpersonales con estudiantes ni compañeros de trabajo, quizá con temor de que sea descubierto un corazón carente de afecto y necesitado de vida, que le impide confiar en otras personas. Para infundirles temor, sube sus pantalones hasta que encubran su vientre y entra con una actitud imponente, propia de alguien que se ha empapado de cientos de conocimientos que la acompañan en medio de su soledad. Ha estudiado cuatro pregrados, ha hecho cursos y ha conseguido tantos conocimientos como su trabajo se lo ha permitido, con ello, cree poder intimidar lo suficiente, para desafiar, a pesar del pequeño cuerpo que le fue dado. Desde la infancia, la mujer está siendo educada para ser feliz para ser femenina, para ser mamá, para ser esposa y aprender cada una de las labores que satisfarán las necesidades de un hombre, por ello romper el esquema implica suplir no sólo sus carencias económicas sino afectivas y sexuales con otro tipo de actividades, objetos y prácticas, lo que termina por convertirse en el motivo de su existencia aunque no sean mujeres de nadie.



Carolina Figueroa Echeverry,

Laura Beatriz Zuluaga Mejía,

Marisol Gómez Castaño.

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