CUENTO
MUERTA EN VIDA
No hay razones para moverse o hacer algún reparo de lo que me rodea. Después del fatídico día de mi muerte, ya no soy.
Me siento vacía, como arrancada de lo que sea que me agarra a todo, agobiada por el sentimiento de inactividad voluntaria y privada de todo.
Cuando lo recuerdo, lo siento cada vez más y se revive como si pasara simultáneamente mientras vivo, produciendo, aun más, la depresión, el sentimiento de no querer vivir, el llanto y el sufrimiento, especialmente.
Y aparece la pregunta: ¿porqué tuve que ser yo?, acaso ¿lo merecía?; no lo creo, por más mal portados que seamos en la vida el castigo no es prudente, es penetrantemente fatal, horrible, doloroso, vomitivo, comprende estomago y nervios de acero que no poseemos.
Fue muy sorpresivo, realmente no me lo esperaba. Un día como otro, transcurría normalmente, hice lo que siempre hago y lo que ya no haré. Alrededor de las 8:00pm llegó a casa, con otra actitud, pero no puse mucha atención, creía conocerlo mejor, sin embargo trate de descifrarla pero mi imaginación no concebía siquiera lo que se formó en su mente perversa de violencia y lujuria inagotable; estaba decidido a hacerlo, pero yo no me imaginaba siquiera cual era su objetivo.
Ya eran las 9:00 y debía madrugar al día siguiente, así que preparé la cama para dormirme y tener la suficiente energía para rendir en clase.
De un momento a otro sentí peso extra encima de mis caderas, eso me hizo despertar. Él estaba encima de mí, y proyectaba una actitud que no conocía, jamás había visto la mirada que ese día mostró.
Me empezó a besar incontrolablemente, pero yo me resistí y le suplique parara, pero él siguió como si no ollera mis palabras, después arrancó la parte de arriba de mi pijama, sin piedad alguna, como si yo fuera un objeto que no se resiste, que se deja manipular. Cuando sentí la furia de sus caricias golpeadas entendí y en ese instante mis palabras ya se habían convertido en gritos de suplicas y como mi desesperación ya era enorme dijo -Cállate que te va a gustar, si te resistes va a ser peor, te lo advierto- pero ¿cómo puede una mujer dejar que se cometa tal atropello sin resistirse?, lógicamente opuse mas resistencia, pero él suprimió mis gritos con una cachetada, seguida de una amenaza de muerte. Al tenerme controlada por su fuerza animal de instintos sexuales terminó por quitarme el pantalón y toda mi ropa interior.
Y llegó el momento: Hizo una maniobra para ubicarse en el lugar correcto y sin rodeos me penetró, fué doloroso y a la vez repugnante, disfrutaba mi sentimiento de angustia y dolor mientras lo hacia, jamás pensé estar en una situación así. Cuando se cansó y sació su instinto animal yo ya estaba como sin alma, llorando pero en calma dolorosa, sin esperanzas de rescate y él como si no hubiese pasado nada se bajó de encima de mi y de encima de la cama, acomodó sus pantalones y emprendió el camino hacia la puerta.
Yo me quedé petrificada, nunca antes había sentido lo que sentí ese día, estuve en la cama como él me había dejado aproximadamente treinta minutos, mirando la nada, experimentando un dolor físico pero no más agudo que el dolor psicológico y haciéndome todo tipo de preguntas.
Al reaccionar me levanté y fui hacia la ducha, quería quitarme todo lo que había dejado encima y dentro de mí. Fue el baño más largo de mi vida, pasé el jabón por todo mi cuerpo más de cien veces, utilicé la esponja para tallarse juntó con él pero seguía esa sensación de suciedad, de repugnancia. Pasé la noche más larga de mi vida esperando con un florero en la mano y alerta, pero nunca volvió y yo no lo vi de nuevo; cuando me cansé de esperar empecé a retirar sus cosas de toda mi casa y cuando eran ya como las 9:30 de la mañana fui a la farmacia y compré pastillas para el día después, no quería siquiera pensar que algo había alcanzado a formarse dentro de mi y que además tenia genes de un salvaje sediento de dolor, de gritos, de inhumanidad y sexo.
Luego llevé todas las cosas que había retirado de mi casa al carro y busque un lote baldío para poder quemarlas.
Ahora siento que no merezco ser mirada por nadie, ya no tengo dignidad, no tengo sueños o aspiraciones por las cuales luchar o vivir. Mi vida, mi alma, mi cuerpo fueron marcados con un tipo de tinta indeleble que nada ni nadie podrá quitar.
Pollito.
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