ENSAYO
MI COLOMBIA, LA QUE ME OFRECIERON
Vivo en Colombia, por tanto soy americana, conquistada por españoles (nada personal), y he hecho parte de un cierto fragmento de la historia, no muy grande, no muy chico, diecinueve años. Quiere decir que nací en 1990, en el fin de la presidencia de Virgilio Barco Vargas, al que le siguió César Gaviria; de ellos, realmente no puedo decir mucho, no recuerdo eventos puntuales de esa época, quizá porque aproximadamente tuve capacidad de expresión comprensible para otros humanos con fonación y lógica mínima para sostener una conversación, a los tres años, y sinceramente no creo ni recuerdo haber estado muy ocupada por conocer al presidente, lo que sí recuerdo era preguntarme por ciertas cosas, como si España quedaba cerca de México o por dónde se llegaba a Plaza Sésamo. Agradezco amablemente este gesto tan noble de mi memoria.
Empecé a crecer. A mis cinco años, recuerdo que el presidente era un hombre del que me reía muchísimo, hablaba gracioso, quizá porque así pensaba, no muy audaz, más bien lento, apto para gobernar Colombia, por eso el único peluche de esas épocas que conservo hasta hoy se llama Samper Paparotti (sic.), su segundo nombre por fuerte influencia paterna.
Llegó el turista y mayor charlatán que recuerde: Pastrana. Jamás he confiado mucho en esas personas que no pueden quitarse la sonrisa de la cara, y no es tanto eso, es más la estatura y el bozo gris, y como que la cara de ladrón no me convencía mucho. Eso sucedió entre mis ocho y doce años, y aún me parecía intrascendente, casi jocoso, ver gente diciendo cosas medio estúpidas en televisión, con un smoking, para aquello de la imagen.
Llegó Álvaro Uribe a la presidencia. No comments, Mr. President.
Hasta ahora me entristecía por el pueblo colombiano, pero cuando hubo reelección del doctor Uribe Vélez, entendí la visión fatalista de quienes hartos de luchar con la gleba ignara se van a La Puta Mierda1.
Colombia por eso no merece un buen presidente, por confiar a pesar de que no la acaban de saquear. Tampoco merece tranquilidad, pues da su beneplácito a delincuentes con agallas para confesar serlo.
Un país enfermo, enfermo de muerte, “los colombianos administramos la vida en dos extremos enfermizos. Somos sumisos o violentos”2.
Resulta preocupante el hecho de saber que vivimos en un país que subsiste por la mafia y por los ladrones, como en el famoso cuento de Italo Calvino, La oveja negra, donde todos eran ladrones, y al honrado o lo volvían ladrón o se moría de hambre.3
Uno de los fieles reflejos es el cine de Colombia, plagado de casos de violencia, sangre, narcotráfico, mafia, mujeres repletas de silicona, y ostentosidad de dinero, dinero lavado, dinero robado, dinero drogado, dinero ajeno, pero dinero.
Me entristece que seamos así, y ahí viene el debate principal, ¿seamos? “sólo cuando las culpas dejen de ser colectivas y se conviertan en lo que son de verdad, o sea, personales, podremos empezar a limpiar de horror nuestra historia”.4 Preservar en la mente una identidad de todos como ladrones, asesinos, violentos, sangrientos, mafiosos. ¿Somos eso? No los soy, pero quién soy internacionalmente, no soy Pablo Escobar, no soy su íntimo amigo Uribe, no soy un Ochoa; soy una colombiana, estudio, pienso, debato en la medida de lo que puedo, sé y tengo, y procuro ampliar mi espectro, para marcar a alguien, para que alguno sea consciente, no una nueva persona, simplemente alguien consciente, la conciencia cambia a la gente.
Cuando una persona se hace consciente de ser notado o de que la atención está puesta sobre ella, se hace consciente de la necesidad de obrar bien5; pero quizá sea ese el problema de los colombianos, no ser conscientes de nuestro drama, no apropiarnos de nuestro aporte verdadero a la guerra: el silencio ¿De qué es fruto nuestra inconsciencia? De unos medios exaltadores de los mayores criminales: los de corbata; de una televisión que abruma con violencia, la hace su lema, su aporte a la guerra, y peor aún, la identidad nacional; haciéndonos masa, montón, pueblo mórbido, pasional, sanguinario.
Ni somos eso, ni somos el mejor vividero del mundo, somos un país más, dependiente, culpado, robado, secuestrado, rico. Para el pueblo, ¡fuerza y talento!; para ustedes los otros, los que están vendidos, aquí me tendrán, hablando, pensando, viendo, sintiendo, eso no me lo quitan, eso no se los quito.
1 Cuando Fernando González se va a una finca en Envigado, la que actualmente es Otra Parte, él mismo la llama La puta mierda. Datos varios sobre Fernando González. Recuperado el 19 de abril de 2009, de: http://www.lopaisa.info/index.php?option=com_content&task=view&id=45ç
2 Iván Marulanda. En: Posada Carbó, Eduardo (2006). “Retratos de un ‘país asesino’”. En: La nación soñada. Bogotá, Norma, p. 28.
3Calvino, Italo (1993). “La oveja negra”. En: La gran bonanza de las Antillas. España, Tusquets, p. 16. Recuperado el19 de abril de 2009, de: http://www.scribd.com/doc/6999261/Calvino-Italo-RR-La-Gran-Bonanza-de-las-Antillas
4 Antonio Caballero. En: Posada Carbó, Eduardo (2006). “Retratos de un ‘país asesino’”. En: La nación soñada. Bogotá, Norma, p. 34.
5 “La presentación del yo” En: Psicología social. Recuperado el 20 de abril de 2009, de: http://books.google.com.co/books?id=Pa0-lvf858oC&pg=PA96&lpg=PA96&dq=La+vida+de+Ella+Fitzgerald+-+y+la+nuestra+tambi%C3%A9n+-+muestra+que+hay+una+gran+diferencia+entre+vida+privada+y+actuaci%C3%B3n+p%C3%BAblica&source=bl&ots=o1N4rOQqKl&sig=t-8a0NKiwwBi_CaT5YQeoiv8tbs&hl=es&ei=sQ7tSdjFM8yJtgec5unODw&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=1#PPR8,M1
0 comentarios:
Publicar un comentario